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Camino a Segovia

A veces, los viajes en coche son verdaderamente tediosos. Se hacen interminables, a pesar de que nunca falta nuestro cd con las canciones que nos hacen berrear. Mi generación creció con esas cintas de casette que los padres ponían sin parar camino al pueblo. Mi madre era de Pimpinela, Juan Pardo y Jarcha. Sí, me sé la letra de “Ahora decide” y por supuesto, de “Olvídame y pega la vuelta” Pondría un enlace al video, pero me parece excesivo.Quien ha cantado “Por eso vete, olvida mi nombre, mi cara, mi casa y pega la vuelta…” camino de las vacaciones, ya sabe de qué hablo. Y a pesar de esos grandes momentos, a mí los viajes en coche cada vez se me hacen más pesados y cada vez se me descoyunta más el cuello en la obligada cabezada según pasamos el túnel de Guadarrama (a los quince minutos de salir de casa). Pero como todo en la vida, hay excepciones y el otro día hubo un viaje, donde lo divertido y bonito no sólo estaba al final del camino también durante el viaje. Fuimos a Segovia. En un día de esos raros que está haciendo este verano. Un mes de julio que parece casi abril. Con un cielo lleno de nubes que paracen van a romper a llorar en cualquier momento.

 

 

Fue un camino en el que casi no encontramos coches. Con carreteras, que parecían sacadas de una película. Con motoristas al fondo incluido.

Y aquí me surge una duda. Estoy experimentando con el Photoshop. Normalmente toco poco las fotos. No por nada, simplemente es así. Y mientras cambiaba el brillo de una de las fotografías en la que aparecían las nubes, me puse a trastear con el tono y me salió esto.

Para que se puede apreciar bien la diferencia pongo la original y la misma foto tras modificar el tono.

Mi primo para estas cosas es bastante extremo. Dice que quien retoca las fotos es que no sabe hacerlas. Por otro lado, un amigo me dijo que el Photoshop es el Word de los fotógrafos. Es decir, que si queremos que todo sea original y salga cómo lo hemos hecho, sin cambios, pues no pasamos el corrector ortográfico, a ver lo qué sale….. No sé, yo tengo dudas.

 

A todo esto, llegamos a Segovia. Y me encantan las paredes que están pintadas y las que tienen grabados.

 

 

 

Las ventanas y las puertas antiguas.

 

 

Y tras pasar el día y conocer a Candela hicimos el camino de vuelta. Sin Pimpinela. Una pena, ya no hay dúos de hermanos como los de antes.

Últimamente me estoy volviendo muy castellana y esta visita a Segovia viene precedida de otra a Ávila, donde el paso del tiempo ha decorado puertas, ventanas y fachadas.

Las fotos participan en “De la A a la Z”, una iniciativa de Miss Lavanda, que os animo a conocer.

 

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